Alibaba y los 40 ladrones - Poema espirital
Canto de Samir y los Guardianes de la Sombra
🌌 La cueva interior de Samir
Cuarenta Guardianes de la Sombra custodiaban secretos antiguos,
pero la verdadera prueba estaba dentro de él.
Con humildad, escucha y valentía,
Samir descubrió que conocer el propio ser
es abrir la puerta a la luz que siempre ha estado allí. ✨
Aquí comienzaa 🤗:
En la tierra donde el alba
teje silencios sobre montes de jade,
vivía Samir, humilde errante,
hijo del polvo, hermano del viento,
buscador de verdades dormidas.
No ansiaba oro; ansiaba signos.
No buscaba gloria; buscaba ser.
Una tarde oyó un estruendo:
los Guardianes de la Sombra,
cuarenta figuras sin rostro,
hijas del miedo, del orgullo, del deseo.
Samir se escondió tras un olivo
y vio al jefe oscuro,
capa de noche y ojos de abismo,
alzando la mano e invocando:
“Ábrete, Sésamo.”
La montaña respondió,
abriéndose como un corazón que despierta,
mostrando un resplandor secreto.
Cuando los Guardianes se marcharon,
Samir comprendió:
la grieta no era en la roca,
sino en su propio ser.
Pronunció las palabras prohibidas,
y la montaña obedeció.
Dentro halló tesoros del alma:
cántaros de conocimiento,
lámparas que ardían sin aceite,
cristales de memorias perdidas.
La Cueva del Ser respondía a su humildad.
Mas Cassidar, su hermano altivo,
entró sin pureza;
sus pasos se perdieron en la sombra,
como un sueño que no vuelve.
Así mueren quienes fuerzan los misterios
sin limpiar primero el corazón.
su viaje interior, Samir no estaba solo.
De entre las luces surgió Narianya,
la voz suave, la guardiana del alma,
la intuición que canta sin palabras.
Ella lo protegió de redes invisibles,
de espejismos, de voces falsas,
y cuando los Guardianes regresaron
para vengar la violación de su secreto,
fue Narianya quien danzó con la sombra,
quien derramó vino ardiente sobre sus tinieblas,
quien venció al Señor del Ego,
el líder sin rostro de los cuarenta.
Libre ya de la tiranía del miedo,
Samir contempló la cueva abierta
y comprendió que el tesoro
no era oro ni perlas
sino la llama que ahora ardía en su pecho.
Había enfrentado sus sombras
escuchado su intuición
conocido su palabra sagrada.
Y la montaña
sabiendo su transformación
cerró por última vez sus portales.
El eco final murmuró:
“Quien se conoce a sí mismo
nunca más necesitará decir
Ábrete, Sésamo.
Y así Samir hijo del polvo
se volvió hijo de la luz
Los caminos lo recuerdan
los montes lo susurran
y toda alma errante
que busca despertar
puede aún escuchar su canto
cuando se atreve s descender
a su propia cueva.
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